EL DÓLAR QUIETO Y EL BOLSILLO ROTO ¿ESTABILIDAD O FICCIÓN?

El gobierno celebra la desaceleración de la inflación y el dólar bajo. Los números de la semana cuentan otra historia: el salario mínimo vale menos que en 2001, se perdieron 304.000 empleos formales desde que arrancó la gestión y el consumo sigue en el piso. Bienvenidos al resumen económico de la semana.

El número que el gobierno no pone en la pantalla

Esta semana el dato que pasó más o menos desapercibido en medio del ruido cambiario fue el siguiente: el salario mínimo perdió el 39% de su poder adquisitivo desde que Milei asumió en noviembre de 2023. El nivel actual del salario mínimo real es inferior al que existía en 2001, antes de la crisis de la convertibilidad. Ese año, para los que no lo recuerdan o no lo vivieron, terminó con un presidente escapándose en helicóptero de la Casa Rosada.

No es un número de la oposición. Es el número del INDEC.

El gobierno admitió que los salarios formales perdieron contra la inflación, aunque cuestionó la metodología de medición. Es decir, básicamente dijeron que el termómetro está mal, no que el paciente tiene fiebre.

 El dólar, la estrella del show

La gran noticia de la semana económica fue que el Banco Central mantiene implícitamente una “mini banda cambiaria” para el dólar mayorista con piso en $1.350 y techo en $1.400. El cierre de la semana fue de $1.392 mayorista y $1.415 minorista. El BCRA compró USD 194 millones en una sola jornada para sostener ese rango.

El tipo de cambio estable es, sin dudas, el principal logro que el oficialismo muestra. Y tiene su lógica: cuando el dólar no se mueve, la inflación importada no empuja los precios y el consumidor que tiene ahorros en dólares se siente cómodo.

El problema es que ese consumidor es una minoría. La mayoría cobra en pesos. Y los pesos siguen perdiendo contra los precios.

 La inflación que baja pero no alcanza

La inflación de marzo cerró en 3,4% mensual. Para abril se proyecta 2,5%, lo que representaría la primera desaceleración en diez meses. El acumulado del primer trimestre de 2026 llegó a 9,4% y la proyección anual ronda el 30%.

Esos números, medidos en frío, son mejores que los de hace dos años. En diciembre de 2023 la inflación mensual era del 25%. Que hoy sea del 3% parece un logro enorme en comparación.

El problema es la comparación. Si el punto de partida es una hiperinflación, cualquier cosa parece progreso. Lo que el dato mensual no muestra es que los salarios formales, en lo que va de 2026, crecieron acumulando un 226,7% desde fines de 2023, mientras que los precios acumularon más. Resultado: en términos reales, los trabajadores formales están 2,3% abajo. Los informales, paradójicamente, están 8,5% arriba porque negociaron en negro sin las ataduras de las paritarias.

 304.000 empleos formales menos

Desde noviembre de 2023 a hoy se perdieron 304.000 empleos formales, una caída del 3%. En la industria la sangría fue de casi 73.000 puestos, de los cuales 43.000 desaparecieron solo en el último año.

No es fácil hacer que ese número entre en el relato del “ordenamiento macroeconómico”. Son 304.000 familias con menos ingreso formal, más exposición a la informalidad, más morosidad bancaria. Justamente eso refleja la semana: el Banco Central y los analistas de la city hablan de consolidación fiscal y desaceleración inflacionaria mientras los datos de consumo masivo siguen mostrando números flojos y la morosidad bancaria sube.

 Lo que el PBI no cuenta

El gobierno proyecta un crecimiento del PBI del 3,2% para 2026. Ese número es real y es positivo. Pero el PBI es un promedio. Promedia la bonanza del sector energético —Argentina se convirtió en exportador neto de energía, con exportaciones proyectadas en 12.000 millones de dólares este año— con el desplome del consumo popular.

El campo exporta, Vaca Muerta exporta, la minería exporta. Todo eso suma al PBI. Mientras tanto, el carnicero del barrio vende menos y el almacenero del interior tiene más cheques rebotados en el cajón.

Los dos datos son reales al mismo tiempo. La diferencia es quién los vive.

 La semana en tres frases

El dólar quieto es el único ancla que el gobierno tiene para mostrar resultados en el bolsillo cotidiano, y la está cuidando con intervención directa del BCRA.

La inflación baja pero los salarios no la alcanzan, y eso se ve en el consumo, en la morosidad y en los 304.000 empleos formales que no están más.

El crecimiento del PBI existe, pero está concentrado en sectores exportadores mientras el mercado interno sigue sin recuperar el terreno perdido desde el arranque de la gestión.

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