Islamabad, el tablero y las piezas que no vemos:

Civilización y Barbarie — San Juan, Argentina — 11 de abril de 2026

Mientras las delegaciones de Estados Unidos e Irán se instalan este sábado en el Hotel Serena de Islamabad para intentar negociar el fin de una guerra que ya lleva 43 días, el analista mexicano Alfredo Jalife-Rahme dedicó la última edición de su programa Radar Geopolítico a desarmar lo que él llama el tablero de ajedrez de Medio Oriente. Su lectura no coincide con la que ofrecen los cables de agencia. Y eso, precisamente, es lo que la hace útil para quien quiera entender qué hay detrás de los comunicados oficiales.

Lo que está pasando

Los hechos son estos: tras semanas de escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, Pakistán emergió como mediador y logró un alto el fuego de 14 días. El vicepresidente JD Vance encabeza la delegación norteamericana; el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, lidera la contraparte. Las exigencias cruzadas son enormes: Irán pide el reconocimiento de su derecho al enriquecimiento de uranio, garantías de no agresión, control coordinado del Estrecho de Ormuz y el cese de los ataques israelíes sobre el Líbano. Washington exige la apertura inmediata del estrecho y la renuncia nuclear. Israel, por su parte, insiste en que la tregua no aplica al Líbano y mantuvo bombardeos que causaron más de 250 muertos en una sola jornada.

Sobre este escenario, Jalife proyecta su análisis. No lo hace desde la neutralidad periodística —nunca lo pretendió—, sino desde una tradición de pensamiento geopolítico latinoamericano que lee las relaciones internacionales en clave de poder, asimetrías y zonas de influencia.

La tesis de Medvedev y el orden tripolar

Jalife abre su análisis recuperando una idea de Dimitri Medvedev: que el tablero internacional ya no es bipolar ni unipolar, sino que avanza hacia una configuración tripolar donde Rusia, China y un bloque euroasiático con Irán como pieza central reconfiguran los equilibrios globales. Para Jalife, Medvedev no es solo un exmandatario con opiniones: es la voz del Consejo de Seguridad ruso, el órgano que realmente dicta la estrategia de Moscú. Que sea Medvedev y no Putin quien articule estas lecturas, según el analista, es parte del juego.

Pakistán: el mediador que nadie esperaba

Uno de los puntos más interesantes del análisis de Jalife es el peso que le otorga a Pakistán. No lo ve como un mero anfitrión logístico, sino como un actor estratégico que aprovecha su posición geográfica —frontera con Irán, aliado histórico de China, potencia nuclear— para proyectarse como puente entre bloques. Jalife destaca un detalle que pasó inadvertido en la cobertura occidental: la escolta de aviones militares paquistaníes a la delegación iraní. Para él, ese gesto no es protocolar. Es una señal de fuerza y alineamiento regional.

Los hechos parecen darle cierto sustento a esta lectura. Pakistán no solo ofreció el territorio: facilitó previamente una reunión cuadrilateral con Arabia Saudita, Egipto y Turquía, y recibió el respaldo explícito de China para su rol mediador. El primer ministro Shehbaz Sharif presentó la mediación como un logro del mundo musulmán, no como un favor a Washington.

Israel: la partida en solitario

Jalife es duro con Netanyahu. Lo acusa de impulsar un proyecto de “Gran Israel” que califica de históricamente inexistente y de ejecutar acciones que describe como salvajes en Gaza y el Líbano. Su argumento central es que Israel se encuentra jugando solo: sin el respaldo incondicional que tuvo en décadas anteriores, enfrentando una presión internacional creciente, y con objetivos de guerra —como el cambio de régimen en Irán o la capitulación de Hezbollah— que no se han materializado.

El dato que ancla esta lectura en la semana es concreto: mientras Irán y Estados Unidos pactaban un alto el fuego, Israel lanzó la ofensiva más intensa desde el inicio del conflicto contra el Líbano, con más de 250 muertos en un solo día. Netanyahu declaró que la tregua no incluye las operaciones contra Hezbollah. Más de 70 países condenaron los ataques contra cascos azules de la ONU. El ministro de Defensa de Pakistán calificó a Israel como una maldición para la humanidad en un tuit que luego borró por presión diplomática.

Trump entre la negociación y la contradicción

El análisis de Jalife sobre Trump apunta a una tensión interna: el presidente norteamericano oscila entre la negociación pragmática y la influencia de su entorno más cercano a Israel, particularmente su yerno Jared Kushner. Jalife sugiere que esa proximidad limita la capacidad de maniobra de Washington frente a Teherán y compromete su credibilidad como mediador. La presencia de Kushner en la delegación que viajó a Islamabad refuerza, para el analista, esa lectura.

Trump declaró esta semana que el objetivo principal es evitar que Irán tenga armas nucleares y que considera al país persa militarmente derrotado. Al mismo tiempo, propuso que Estados Unidos podría cobrar un peaje por el tránsito en el Estrecho de Ormuz o participar en una empresa conjunta con Irán para su control. Las declaraciones, leídas desde la lógica de Jalife, confirman lo que él llama la debilidad estratégica de Estados Unidos: una potencia que necesita negociar lo que antes imponía.

Zugzwang: todos pierden al moverse

Jalife introduce un concepto del ajedrez para describir la situación actual: el Zugzwang, una posición donde cualquier movimiento empeora la situación del jugador. Según su lectura, tanto Estados Unidos como Israel y en menor medida Irán están atrapados en esa lógica. Negociar implica ceder. No negociar implica escalar. Y escalar, en un tablero donde Rusia, China y las potencias del Golfo diversifican sus alianzas de seguridad, ya no garantiza la victoria.

El eco en América Latina

El tramo más polémico del análisis es el que toca América Latina. Jalife sostiene que el lobby israelí ha permeado estructuras políticas en países clave, mencionando explícitamente a Estados Unidos, Brasil y Argentina, donde señala la figura de Milei como ejemplo de esa influencia. Es una afirmación fuerte que el analista no desarrolla con la misma evidencia que dedica al tablero de Medio Oriente, y que conviene leer como parte de una tradición crítica latinoamericana sobre la política exterior de la región, más que como un análisis documentado caso por caso.

Una lectura incómoda, no por eso prescindible

Jalife no es un analista neutral. No pretende serlo. Su mirada está cargada de posición y de historia: la tradición geopolítica mexicana, la crítica al unilateralismo norteamericano, una lectura del mundo desde el sur global que no se disculpa por sus sesgos. Eso no invalida su análisis. Lo que hace Jalife —y lo que justifica dedicarle una nota— es obligar a mirar el mapa completo. Mientras los cables de agencia se concentran en la logística de las negociaciones en Islamabad, él pregunta por las fuerzas profundas que mueven las piezas. Quien controla la narrativa. Quién financia a quién. Qué intereses se esconden detrás de cada propuesta de paz.

Las negociaciones en Pakistán recién empiezan. El alto el fuego es frágil. Irán condiciona su participación al cese de los bombardeos sobre el Líbano. Israel dice que no le compete. Trump asegura que está muy optimista. Y Jalife, desde su trinchera analítica, recuerda algo que la cobertura en tiempo real tiende a olvidar: que en geopolítica, lo que se dice en la mesa de negociación importa mucho menos que lo que se mueve debajo.

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