OPINION POR CACHITO VIGILANTE
Una característica propia de la época en la que vivimos, y de su notable velocidad, es la falta de ídolos. Si yo fuera un poco más optimista, diría que es señal de progreso el hecho de que los pendejos nacen siendo iconoclastas y no se dejan llevar por nadie ni por nada. En definitiva, eso supondría cierta independencia, pensamiento crítico y reflexión. Lo cierto es que esas cualidades no se ven reflejadas en otros aspectos. Y si bien ya no idolatramos, o lo hacemos con personajes insípidos como Messi o el Duqui, eso no se debe a una emancipación de algunos sesgos, sino a que simplemente la idolatría ya no es personalista. Es un poco más vulgar.
Tampoco sé si caer en la pelotudez de decir que hoy idolatramos cosas, sin mucho más simbolismo que la cosa en sí. Me parece que justamente lo grave es eso: que ya no calienta nada y que falta cierto motor que nos emocione o motive. Obvio, las cosas siempre nos motivan, y por eso hay boluditos que creen que hoy se idolatran objetos. A mí también me gustaría tener la Play 5, y no laburo porque me guste, sino porque me gustan las fotos que saca el S26.
El ídolo termina siendo como ese puente entre lo que uno es y lo que quiere ser. Una especie de facilitador del yo al superyó. Es justamente un modelo, un ordenador de lo que está bien y lo que está mal. Esto último también es un poco disonante con la idea de una persona libre. Entonces, ¿somos libres pero boludos? No. Tampoco porque odies a Maradona por gordo falopero sos libre. Pero sos boludo.
Creo que son muchas las causas que nos trajeron a la era boluda. Con tanto estímulo es difícil diagramar una idea de lo que soy, y mucho menos de lo que quiero ser, sin caer de vuelta en “quiero tener una Play 5”. Otra es la ya mencionada velocidad: ¿cómo me voy a acordar de la palomita de Ginobili si a los cinco minutos ya vi cinco minas en bolas y videos de muchos enanos indios que sirven comida? Esto en realidad también puede ser el tema de los estímulos, nada más que dicho de otra forma.
También creo que la posverdad, donde cualquier perejil (como yo en este caso) puede estar cantando la justa, derriba cualquier mito, leyenda o ídolo. Total, el ChatGPT me va a decir que tengo razón y que el Che Guevara odiaba a los gays porque era kuka como Kodriguez Karreta.
Y si todavía no te diste cuenta, la consecuencia de todo esto es tener a un presidente como el que tenemos. Ídolos vacíos. Pendejos sin ganas.