POWERCHINA CONSTRUYE EL CAMPAMENTO DE VICUÑA: ¿LIBRE MERCADO O ESTADO CHINO?

El proyecto minero más grande de Argentina adjudicó la construcción de su complejo habitacional a PowerChina, empresa 100% estatal del gobierno chino. En Argentina, mientras tanto, el presidente dice que el Estado es una organización criminal y el gobernador de San Juan se alinea cada vez más con ese discurso. Nadie pareció notar la contradicción.


  • Autor: La Redacción

PowerChina ganó la licitación. Eso es lo primero que hay que decir.

No una empresa privada de capital aventurero. No un consorcio de emprendedores que creen en el poder del mercado. PowerChina. La que construye represas, puertos y ciudades enteras para el gobierno de Xi Jinping. La que es, en el sentido más literal posible, el Estado chino con casco.

El contrato: construir el complejo habitacional Batidero para el proyecto Vicuña. 2.500 camas en la cordillera sanjuanina. El proyecto más grande de la minería argentina eligió, para una de sus obras clave, a una empresa 100% propiedad del Partido Comunista Chino.

BHP eligió. Nadie la obligó.


Lo que PowerChina es, exactamente

PowerChina no compite en el mercado como cualquier otra empresa. Compite desde afuera del mercado. Es de propiedad estatal, su misión incluye expandir la influencia china a través de infraestructura, construye donde el Estado chino quiere construir y gana licitaciones porque el Estado chino puede absorber pérdidas que una empresa privada no podría.

No es una crítica. Es una descripción.

Lo llamativo es que esa descripción —empresa gigante, subsidiada, con objetivos que mezclan el negocio con la política— es exactamente lo que Javier Milei define como el enemigo de la civilización. No metafóricamente. Literalmente. Eso dijo.


El presidente que odia al Estado y el Estado que gana la licitación

Milei tiene una tesis. La versión más limpia es esta: el Estado distorsiona los precios, destruye valor, financia su existencia con violencia. La solución es reducirlo al mínimo. Idealmente, eliminarlo.

Es una posición con linaje serio. Hay economistas respetables que la defienden. El problema no es la tesis.

El problema es que la tesis no aplica en China.

En China, el Estado no frena la inversión. La dirige. No destruye valor. Lo acumula. No distorsiona el mercado. Es el mercado. PowerChina existe porque el Estado chino decidió que iba a existir, la capitalizó, la entrenó y la mandó a ganar contratos en el mundo entero.

Y funciona.

¿Eso convierte a China en un modelo a imitar? No. Tiene costos políticos y sociales que el sistema autoritario se encarga de ocultar. Pero sí convierte la tesis de Milei en algo más difícil de sostener cuando la factura llega desde Pekín con membrete del Partido Comunista.


Orrego y el problema de alinearse a la música equivocada

Marcelo Orrego viene acomodando su discurso. El gobernador que llegó con identidad propia —gestión, acuerdos, perfil técnico— fue incorporando el vocabulario libertario con la misma naturalidad con que un candidato incorpora el vocabulario del partido que le conviene en ese momento.

Habla de Estado eficiente. De no malgastar. De acompañar al gobierno nacional. Todo eso suena razonable hasta que aparece PowerChina firmando el contrato más grande de la historia minera de San Juan.

Porque si el Estado es el problema, ¿qué hace el Estado chino construyendo el campamento de Vicuña? ¿Es inversión extranjera que hay que celebrar? ¿O es la demostración de que el Estado puede ser eficiente cuando quiere, cuando sabe y cuando no tiene que pedir permiso a nadie?

Orrego no respondió esa pregunta. Probablemente porque no tiene respuesta cómoda. Y en política, las preguntas sin respuesta cómoda se dejan morir solas.


Lo que nadie dice en voz alta

Hay una conversación que la Argentina no está teniendo.

Si el capitalismo de Estado chino puede venir, ganar una licitación contra privados, construir en condiciones extremas y salir más barato que cualquier alternativa local, entonces el problema nunca fue el Estado. Fue este Estado. Esta versión específica, argentina, de ineficiencia, corrupción e improvisación que el país terminó confundiendo con el Estado en general.

China no abolió el Estado. Lo reformó. Lo hizo competitivo. Y ahora ese Estado reformado está poniendo ladrillos en la cordillera sanjuanina mientras el presidente argentino explica que los ladrillos los tiene que poner el mercado.

(El mercado, en este caso, era chino y estatal. Pero bueno.)


Análisis editorial. Las opiniones son de la redacción y representan la línea editorial de Civilización y Barbarie.

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