Orrego, Vicuña y los votos peronistas

San Juan lidera el ranking de inversión minera en Argentina y América Latina. El gobierno aprobó un financiamiento de 600 millones de dólares para obra pública con votos peronistas. Vicuña comprometió 900 millones solo para obras tempranas. El contexto nacional es de ajuste y achicamiento del Estado. Algo está pasando en esta provincia que vale la pena mirar de cerca.


El problema de evaluar a Marcelo Orrego es que nadie esperaba demasiado de él.

Llegó en 2023 como la alternativa a un peronismo que había agotado su propio ciclo. Sin épica. Sin movimiento. Con moderación y algo de experiencia municipal, que en la política argentina suele alcanzar para llegar pero raramente para quedarse. A dos años y medio de gestión, la provincia tiene números que cuestan ignorar aunque uno quiera.

No es que todo esté bien. Es que algo está funcionando.


El mapa de la inversión

San Juan lidera el RIGI con el 60% de la inversión minera nacional en su territorio. Primero en Argentina. Primero en América Latina. En el top 20 mundial como destino de inversión minera, según rankings que el gobierno cita con la frecuencia esperable pero que tienen respaldo real.

Los proyectos en curso no son anuncios: son compromisos de capital. Los Azules, de McEwen Mining, tiene estimados 2.672 millones de dólares. Gualcamayo comprometió 665 millones orientados a oro y plata. Vicuña —el proyecto más grande del país, que fusiona Filo del Sol y Josemaría con BHP como socio— ya ejecutó 900 millones en obras tempranas este año y podría convertirse en la inversión privada más grande de la historia argentina.

Capital extranjero apostando a una provincia desértica, sin salida al mar, con infraestructura compleja y una historia de conflictos judiciales interprovinciales. (El lío con La Rioja por Vicuña sigue ahí, y no se resolvió solo, pero esa es otra nota.) Que ese capital esté acá, y no en otra parte, dice algo.


Los 600 millones y los votos que nadie esperaba

A fines de mayo, la Legislatura aprobó una ley que habilita al Ejecutivo a tomar deuda por hasta 600 millones de dólares para obra pública: rutas, agua, saneamiento, energía y vivienda. El resultado fue 23 a 12.

Lo interesante no es el número final. Lo interesante es que cinco diputados peronistas cruzaron para votar con el oficialismo, incluyendo al dirigente gremial Eduardo Cabello. El peronismo sanjuanino está fragmentado —eso no es nuevo—, pero lograr que una fracción de la oposición vote una ley de endeudamiento requiere o mucha negociación o mucha convicción de que la obra es necesaria. Probablemente las dos.

Orrego estuvo presente en la sesión. En persona, en la barra. No es protocolo habitual para un gobernador y lo saben todos los que siguen la política provincial. Fue a apostar en público.

El plan proyecta 6.000 puestos de trabajo en cuatro meses y 2.500 viviendas. Proyecciones oficiales, con el margen optimista que eso implica. Pero la arquitectura política para aprobar la ley fue real.


Lo que dice Fabián Martín

El vicegobernador hizo su balance hace pocas semanas. Eligió tres logros y tres cosas a mejorar —la estructura de los políticos que aprendieron que la autocrítica controlada genera más credibilidad que el triunfalismo.

De los logros, uno sorprende por su modestia: que “Orrego es una persona que camina por la calle, que va a un café, yo también.” En un país donde eso se convirtió en noticia, el argumento de la cercanía funciona. No porque sea extraordinario, sino porque se volvió escaso.

Los otros dos son más concretos: acceso a partos normales en hospitales de departamentos alejados como Iglesia, Calingasta, Valle Fértil y Jáchal, y programas de emprendedurismo. Ninguno cambia la historia de la provincia. Tampoco son retórica vacía.

De los aspectos a mejorar, Martín nombró seguridad, empleo y vivienda. Los tres problemas de cualquier provincia argentina de tamaño medio. La honestidad no está en los temas sino en el orden: pone seguridad primero, que es donde el gobierno tiene menos para mostrar.


El contexto que hace más difícil todo

El gobierno nacional lleva dos años de ajuste sistemático. La obra pública nacional colapsó. Las transferencias a provincias se redujeron. El modelo de Milei les pide a los gobernadores que se arreglen solos: los que tienen recursos propios o pueden atraer inversión privada sobreviven; los que dependen del Estado nacional, sufren.

San Juan tiene minería. Y Orrego apostó a eso desde el primer día —posicionando a la provincia como el polo del cobre del futuro, presionando para que Vicuña avanzara, sentándose en la Mesa del Cobre con Karina Milei a negociar infraestructura. No es una estrategia ideológica. Es una estrategia de supervivencia provincial.

¿Alcanza? Una economía donde más del 80% de las exportaciones son minerales y la diversificación productiva sigue siendo promesa tiene un techo que ningún gobernador puede mover solo. Lo que cotice el cobre en Londres no lo negocia nadie en Rivadavia y Mendoza.


La pregunta que queda

El peronismo sanjuanino lleva años mirando para adentro, demasiado ocupado en sus propias fracturas para articular una oposición consistente. Eso le facilita la vida a cualquier gobierno. ¿Cuánto de lo que funciona en San Juan es Orrego y cuánto es la debilidad del otro lado? Difícil saberlo.

Pero los capitales no llegan a una provincia por inercia. Alguien tiene que sostener las reuniones, firmar los acuerdos, defender el territorio cuando La Rioja intenta cerrar los caminos y mantener la calma cuando el gobierno nacional cambia las reglas cada tres meses.

¿Gestión o suerte? Probablemente las dos. En la Argentina actual, esa combinación no es poca cosa.


Las opiniones expresadas son del autor y representan la línea editorial de Civilización y Barbarie.

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