EL MOTOR DEL ATLÁNTICO SE APAGA: ¿CIENCIA O CATÁSTROFE?

Un nuevo estudio publicado en Science Advances proyecta que la principal corriente oceánica del planeta se debilitará más del 50% antes de fin de siglo. Los modelos climáticos anteriores lo subestimaban. Las consecuencias para el sur de Sudamérica son concretas: más calor, menos lluvia y olas de calor más largas sobre la cuenca del Plata.

 Qué es el AMOC y por qué importa

Hay un sistema que regula el clima del planeta y del que casi nadie habla. Se llama AMOC, siglas en inglés de Circulación Meridional de Retorno del Atlántico. Funciona como una cinta transportadora gigante que mueve calor, sal y agua dulce a través del Atlántico, desde los trópicos hacia el norte, y redistribuye energía térmica entre hemisferios. Sin esa corriente, el clima del planeta sería radicalmente distinto.

Europa se enfría en invierno porque el AMOC lleva agua caliente hacia el norte. Las monzones africanas dependen de él. La temperatura y el régimen de lluvias de Sudamérica están condicionados por su funcionamiento. Es uno de los grandes reguladores del sistema climático global.

Y según el estudio más completo publicado hasta ahora sobre el tema, se está apagando más rápido de lo que se pensaba.

Lo que dice el nuevo estudio

El 16 de abril de 2026, la revista Science Advances publicó una investigación que combina modelos climáticos con datos observacionales reales. La conclusión es incómoda: la mayoría de los modelos usados hasta ahora subestiman el ritmo de debilitamiento del AMOC.

La proyección es que la corriente se debilitará más del 50% antes de que termine el siglo. Ese número es un 60% más grave que lo que estimaban los modelos promedio anteriores. Stefan Rahmstorf, oceanógrafo de la Universidad de Potsdam y uno de los mayores especialistas del mundo en este sistema, fue directo: “los modelos pesimistas son, desafortunadamente, los realistas”.

El dato no surge de una simulación computacional abstracta. Shane Elipot, oceanógrafo de la Universidad de Miami, y su equipo analizaron mediciones directas en cuatro latitudes del Atlántico norte entre 2004 y 2023. El resultado: el AMOC ya se debilitó un 10% en ese período. El proceso no es una proyección futura. Ya está ocurriendo.

Qué significa esto para Sudamérica y para Argentina

Los impactos del AMOC no son homogéneos. Dependen de la latitud y de cómo el debilitamiento altera la distribución de calor y humedad en cada región.

Para el norte de Sudamérica —trópicos, noreste de Brasil— el escenario proyectado es de mayor humedad y lluvias más intensas. Para el sur —Argentina, Uruguay, sur de Brasil, la cuenca del Plata— el panorama es el opuesto: calentamiento, condiciones más secas y olas de calor estivales más frecuentes, más intensas y más largas.

La cuenca del Plata es el corazón agrícola de Argentina. Soja, maíz, trigo, girasol. Una parte importante del PBI exportable del país depende de lo que pase con el clima en esa región. Más calor y menos lluvia sostenidos durante décadas no es un dato meteorológico: es un riesgo económico estructural.

Los eventos de precipitación extrema en la región, según las proyecciones, también se debilitarían. Eso no suena necesariamente mal hasta que se considera que esa agua alimenta los ríos que mueven las turbinas de las represas hidroeléctricas del litoral.

 El problema con los modelos que “no eran tan malos”

Hasta este estudio, la discusión científica sobre el AMOC tenía un margen de incertidumbre lo suficientemente amplio como para que los gobiernos pudieran refugiarse en él. Los modelos intermedios proyectaban un debilitamiento serio pero manejable. Ahora ese margen se cerró: los datos reales de dos décadas de observación directa muestran que los modelos optimistas se equivocaban.

René van Westen, investigador de la Universidad de Utrecht involucrado en estudios paralelos sobre el tema, ya había advertido en 2024 que el AMOC podría cruzar un punto de no retorno antes de mediados de siglo. La nueva investigación no contradice esa posibilidad.

El punto de no retorno es exactamente lo que el nombre sugiere: un umbral a partir del cual el debilitamiento se vuelve autosostenido, independientemente de lo que hagan las emisiones globales. Una vez cruzado, el sistema no vuelve atrás en escala de tiempo humana.

 Lo que los gobiernos no están haciendo

La publicación del estudio generó cobertura en medios científicos y en algunos medios masivos. No generó ninguna declaración de los gobiernos de la región.

Eso no es sorprendente. Los ciclos políticos son de cuatro años. El AMOC opera en escala de décadas. La desconexión entre ambas temporalidades es uno de los problemas estructurales de la política climática global: los efectos más graves llegan después de que quienes toman las decisiones hoy ya no estén en sus cargos, y eso reduce los incentivos para actuar.

En Argentina, el debate climático tiene además un componente ideológico que lo complica. El gobierno nacional ha cuestionado sistemáticamente las agendas ambientales internacionales, las ha presentado como obstáculos al desarrollo y ha reducido la inversión en ciencia aplicada al cambio climático. Un estudio que proyecta consecuencias graves para la agricultura pampeana en las próximas décadas no encuentra demasiada recepción institucional.

El problema es que el AMOC no lee los comunicados de prensa del gobierno.

Por qué este tema importa ahora

Los estudios climáticos suelen recibirse con una mezcla de alarma inmediata y olvido rápido. Este debería ser diferente, por dos razones.

La primera es metodológica: por primera vez, la proyección de debilitamiento del AMOC está respaldada por dos décadas de datos observacionales directos, no solo por modelos. La brecha entre lo que los modelos decían y lo que los datos muestran es, en sí misma, una señal de alerta.La segunda es geográfica: Sudamérica no es un espectador de este proceso. Es uno de sus destinos. Las consecuencias proyectadas para la cuenca del Plata no son un escenario remoto: son una hipótesis con nombre, apellido y coordenadas

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