EL TIPO NORMAL

Civilización y Barbarie — San Juan, Argentina — 13 de abril de 2026

Un partido de fútbol en el Polideportivo Padre Mugica de San Vicente. Intendentes del conurbano contra el equipo del Frente Renovador. Asado después en la Quinta de Perón. Y al final, como quien pasa a saludar de casualidad, Sergio Massa. No jugó. Se quedó en el banco, dirigió desde afuera, abrazó a todos, habló con todos. Una imagen que podría pasar desapercibida si no se tratara de un profesional del arte de la política. Pero se trata exactamente de eso.

Massa carga con dos derrotas presidenciales en el lomo. En 2015 quedó tercero con el 21%. En 2023 ganó la primera vuelta y perdió el balotaje contra Milei en una elección que ya era imposible de ganar para cualquiera que representara la continuidad. La consigna peronista de último recurso fue clara: votá al tipo normal. Con los aires que corrían en 2023, fue una consigna que quedó corta. La gente no quería normal. Quería otra cosa.

Hoy es 2026. Los aires son otros.

Una economía que no arranca: la industria cayó 8,7% interanual en febrero, el consumo acumula diez meses de retroceso, la inflación volvió a trepar al 3% mensual. Una estabilidad que está entre algodones. Más dudas que certezas. El propio Milei reconoció esta semana que los últimos meses fueron duros y pidió paciencia. El riesgo país en 570 puntos. Los préstamos del Banco Nación a funcionarios propios en la causa que ya bautizaron Adornigate. La campaña rusa. El desgaste político de La Libertad Avanza es visible, aunque todavía no se traduce en sangría parlamentaria. Milei se enfrenta a un año con turbulencias: económicas, políticas y judiciales.

En ese tablero, Massa se empieza a peinar.

El picadito de San Vicente no fue un picadito. Fue una foto. Otermín, Achavál, Menéndez, Mantegazza, Andreotti, Julián Álvarez —intendentes jóvenes, algunos del PJ puro, otros del massismo, uno del camporismo— todos en la misma cancha. Después, todos en el mismo asado. La ausencia notable fue el axelismo: ni Ferraresi, ni Alak, ni Katopodis. La foto dice tanto por quienes están como por quienes no están.

Massa hace semanas que recibe dirigentes en sus oficinas de Libertador. Gobernadores peronistas, intendentes del interior, diputados nacionales. Habla con Cristina. Habla con Kicillof. Cuando le preguntan si va por la gobernación bonaerense, se corre: dice que es del Frente Renovador y que 2026 es año de caminar, no de definir. Pero al mismo tiempo mandó a toda su tropa a recorrer distritos, a instalar candidatos propios, a disputar intendencias. Ya tienen nombres para casi todos los municipios de la primera y la tercera sección electoral. El Frente Renovador no está esperando. Está operando.

La pregunta que nadie hace en voz alta es si Massa mira la gobernación o la presidencia. Los dos caminos están abiertos. Y él, que vivió toda su carrera hablando con todos los bandos al mismo tiempo, sabe que no necesita definirlo ahora. La estrategia más inteligente es exactamente la que está ejecutando: mantenerse visible pero no expuesto, construir alianzas sin declarar candidatura, dejar que Milei transite su último año de mandato sin elecciones con los problemas internos que parecen mucho más difíciles de desanudar que los conflictos con los bandos contrarios.

Para una parte del país, Massa es un panqueque. Alguien que pasó por la UCeDé, por el menemismo, por el kirchnerismo, se fue, volvió, fue jefe de gabinete de Cristina, le hizo la guerra, le hizo las paces, fue ministro de Economía con 160% de inflación y después candidato presidencial del mismo espacio que lo había destruido. Para otra parte, eso no es defecto: es oficio. Un tipo que sobrevive a todo eso y sigue de pie no es un improvisado. Es un profesional del tema.

Lo cierto es que Sergio Massa no va a perder la oportunidad de jugar su última bala electoral. Suenan nombres, suenan posibilidades, pero nadie se quiere subir al ring con Milei a un año de las elecciones. La lógica del peronismo —que es la lógica de la supervivencia— indica esperar, dejar que el desgaste haga su trabajo, y aparecer cuando el traje de candidato le quede bien a alguien que hoy, con prudencia calculada, se prueba frente al espejo.

En 2023 dijeron votá al tipo normal y no alcanzó. En 2027, con el país cansado de experimentos, puede que lo normal sea exactamente lo que la gente quiera escuchar. Y Massa lo sabe. Por eso no juega. Dirige desde el banco. Y espera.

About The Author

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial